miércoles 21 de diciembre de 2011

Frente a la violencia, Yo digo ¡Paz!

Frente a la violencia, Yo digo ¡Paz!

Cada día hay mas violencia
y frente a ella
yo digo Paz,
nos estan matando
y nosotros, no debemos
matar.

Ante la violencia
yo digo Paz,
cada dia encenderé
en este puente una vela blanca
por la Paz.

Acompáñame,
debemos trabajar
por la Paz.

Ante la violencia
yo digo Paz,
tanta sangre
tanto dolor
tanta muerte
que inevitablemente
algún día nos salpicará.

¡Espero que logremos
La Paz!

¡Rezo porque suceda!

¡Encenderé una vela blanca
por la Paz!

Espero que tu padre no caiga,
que tu hijo llegue a casa
porque espero
que haya Paz.

La muerte nos acosa
con la violencia,
y no es la muerte
inevitable de natura
la que nos viene
a buscar.

¡Pido Paz para esta tierra!

Políticos y Civiles

¡Comprométanse!

Que se eleve el humo blanco
por la Paz,
que deje de correr la sangre
y nuestra tierra
de nuevo,
respire
Paz.
Publicado por Daniel Rojas Salzano
Fuente:
htpp://danielrojassalzano.blogspot.com

domingo 4 de septiembre de 2011

¿Por que me llevan?

Viniste a este mundo sin pedirlo,

sin saber nada, no conocías la luz,

ni los ruidos, ni el sol, ni los ríos.

Viniste a este mundo, tal vez, porque algo faltaba

Había un hueco en el alma, que tus padres, seguramente, cubrieron con tu llegada.



Abriste tus ojos a la vida, y pudiste ver, ese día,

cómo para ti comenzaba algo nuevo, algo extraño, pero que allí estaba,

y entre risas y alegrías. entre penas y melancolía pudiste descubrir

que, a partir de ese momento, esa, seria tu familia.



Creciste, te fuiste haciendo mujer de a poco,

como de a poco crecen las flores,

como de a poco corre el agua de la montaña,

para transformarse en arroyo.



Seguramente fuiste feliz, tu sonrisa en esas fotos lo confirman,

tu carita de muchacha loca, tus ojos de picara inocencia juvenil,

cómplices, tal vez, de alguna travesura, o de alguna amargura,

o de silencios, o de reproches, junto a tus amigos, algunos hermosos peluches.



De pronto y sin saberlo te arrancan de tu mundo.

Te envuelven en un negro profundo.

Te llevan gente extraña, y tu no comprendes porque tu, no comprendes nada.



Es que, que culpa puedes tener de los errores adultos,

de las deudas, de los insultos, de los agravios, en fin,

de toda la mierda de este mundo.



Tu sólo querías que te devuelvan la risa, tus soles, tus pájaros, tu plaza,

tus amigos, tus peluches, tu cama.



Si tu sólo querías que te devuelvan tu alma, que culpa puedes tener,

si só0lo llevas recorrido un corto camino en esta vida,

si recién ahora empezabas a saber, si recién ahora empezabas a crecer,

sí recién ahora empezabas a creer.



No importa, ya no tienes que temer, ahora tienes nuevo hogar,

nuevos amigos, el cielo tiene para ti el mejor cuarto,

y tus nuevos amigos, los ángeles,

no permitirán jamás que se vuelva a prender alguna vela,

porque algunos intenten hacerte daño,

porque allí, en el cielo, a partir de hoy lo habita una niña,

frágil y bella,

porque ese cielo es para ti, pequeña Candela.

Autor Julio Casati, escritor y locutor argentino. Poesía dedicada a Candela y a todos los niños que son arrancados de sus hogares.

http://www.encuentos.com/poesias/por-que-me-llevan">

lunes 18 de octubre de 2010

MANOS VACIAS

MANOS VACIAS

Discúlpame si no escucho tus palabras,
Lo que pasa es que mis oídos están ausentes
Escuchando la voz de mis recuerdos

No pienses que no tengo sueños
Tal vez es que los he dejado partir
Y a veces queman en mi ser

No creas en mis sueños pues
Son los de la noche que he robado
Para enseñarte a soñar
cállame con amor cuando sientas
Que grito cosas para hacerte callar.

Dame tu mano para caminar
por aquellos caminos que anduve con afán dame tus ojos para ver
aquellas cosas que me niego a ver

Dame tu mano para sembrar
aquellos árboles que olvido sembrar.
En mi mente dejo un fantasma
de lo que un día fui
Pero si me dices que me quieres
Mis ojos tomarán vida
Mi tez se volverá la tez de primavera
Mis cabellos se vestirán de plata
para enseñarte a soñar
Mis pasos tomarán fuerza
para volver a andar

Mis oídos escuchan el cantar de las aves y con un beso de tus labios
Volver a nacer, volver a vivir…
…..Dimos tanto y no dimos nada
Dimos unas manos llenas
Y las recibimos vacías
¿Por qué humanidad?

El Príncipe de los Sueños


Fuente: Nosotros también soñamos Boletín No 2, 1983

sábado 16 de octubre de 2010

Vivir en la calle


¿Qué respuesta puede tener una lata de cerveza en el medio del Pacifico? La respuesta es soledad, un mal que nos turba y nos enferma, piensen todos un poco, pónganse en el lugar de esta lata en medio del océano y sabrán lo que se siente ser un muchacho de la calle. Ese niño, ese ser inocente que por hambre, por frío o por falta de cariño consume pega. Consume para olvidar el hambre o para olvidar el dolor. Esa criatura busca como olvidarse de que cada noche se acuesta en un piso frío con el estomago vacío. Duerme con la duda de saber si al día siguiente habrá que comer. Así sigue la rutina para ese niño, esperando que a alguien le de lástima y se le ablande el corazón y le brinde algo

La lluvia……Unos la detestan y a otros les encanta. Unos la aprovechan para dormir porque tienen un lugar seguro donde hacerlo. Pero para los muchachos de la calle es fastidiosa porque si no corren rápido a un lugar donde protegerse ya saben que les espera. Ustedes piensan que en la calle pueden haber sitios seguros para esconderse de la lluvia. ¿Qué tan seguros pueden estar? Aún cuando conseguimos un lugar donde no nos mojamos tenemos que evadir el frío. Buscamos cartones para arroparnos. Combinen un poco el frío y el hambre que se siente y sabrán porque uno dice “menos mal que existe la pega o si no como lo aguanto….”

Luis Henderson Jiménez
Fuente: Boletín Nosotros también soñamos Boletín No 2 1983
Imágen bajada de Internet. Si el uso de esta imágen vulnera derechos de autor, se agradece notificárnoslo para proceder a su inmediato retiro.

martes 21 de septiembre de 2010

Niño del hambre

. Pilar Gómez Ulla, escritora española. Poema sobre la pobreza.



Ayer te vi, niño del hambre, desnudo y solo. No me miraste.

Pasé despacio, por tu dolor... seguí de largo. Niño del hambre, ¡qué viejo estabas!, no me miraste. Un pie en la cuna, otro en la muerte... Y yo, en silencio, acabé mi plato, cerré la puerta, peiné mi pelo y pasé de largo. Eres la vida, niño del hambre. Si hoy me miras, si te detienes, yo no soy digna, pero, tal vez... siga tus pasos. ¡Rómpeme el alma, con tu silencio, destroza todo lo que he creado! Mírame, tócame, porque ahora sé que soy yo la muerta. Que soy de piedra. Tus ojos negros, tus manos largas, tu paso errante... ¡Niño del hambre! Te estás cayendo, y eres la vida. Eres la vida, eres un grito sabor de sangre. Dolor tan grande que movería todos los mares. Si bajo un paso y nos encontramos yo, que soy piedra, seré de carne. Eres la vida, niño del hambre.

Fin

Poema del libro: "Corazones con esperanza"

Corazones con esperanza es un libro solidario que ha reunido a autores de diversos países en un poemario dedicado a todos los niños del mundo. Letras que llevan un mensaje de amor, alegría, reflexión y optimismo. Los fondos de la venta serán destinados para la construcción de un hogar para niños de la calle. Colabora para que tengan una mejor calidad de vida.

"Compra un libro y construye un sueño, ayúdalos a cambiar su futuro".

http://www.librovirtual.org/librosolidario

http://corazonesconesperanza.blogspot.com
Fuente: www.encuentos.com

jueves 6 de mayo de 2010

No me llevo con el dolor

Este poema de Carlos Urbina fue galardonado con el primer lugar del Primer Concurso de Poesía del Colegio "Fray Luis de León" en la categoría de secundaria.



No me llevo con el dolor

Hoy con más calma,
sin recordar el pasado,
me transporto a un futuro
donde el pasado es más lejano
y tu recuerdo más oscuro

Porque no estoy bien con el dolor
que mi alma has causado,
porque hoy me doy cuenta
de que en el amor y en la amistad
no hay acuerdo aceptado.

Lo amado ha preferido el juego
en lugar de un amor cercano,
como un juego de brujas
que en su día de homenaje
prefieren jugarretas
a los buenos dulces del néctar del amor.

No me llevo bien con el dolor
porque como por acto de magia
te incrustaste en mí
y hoy no hallo la salida
de cómo no pensar en ti.

Porque un rostro tan bello
Tanto reflejo del mal
Pueden representar.

Hoy me siento mal,
un vacío enorme
En mí he hallado
El abismo, el precipicio
son los lugares fríos
donde hoy me hallo

La llama de mi corazón
se opaca por el desamor.
La vida ya no es la misma,
aquel fuego vigoroso
del amor por la vida
y de la vida por el amor
se extingue.

En el mundo
se deshielan los polos
para congelar mi corazón.
El frío intenso es costumbre
ya no hay en mí la intención
de ser esa llama que da calor
a quienes con él cuentan.

¿Contar?
¿Pero con quién se cuenta?
Si eso es simplemente cuantificar,
algo que Pitágoras no supo especificar
porque no se cuantifican amigos
si su sentir es verdadero.

Me doy cuenta de tanta mentira,
de tanta falsedad que no es prescrita
porque los amigos no se cuantifican,
sino que se califican

Y da la casualidad que
quienes hoy,
con calificaciones más altas,
se unen en mi contra.
¿Amistad con el amor?
Lo que veo es agua y aceite,
aceite no tan graso y magro
que se une muy bien al agua.

No me gusta su sabor:
sabor a mentira,
sabor a traición,
sabor a puñalada
que no esperaba
que mis ojos vieran hoy.

No existen amigos
ni amor verdadero,
sólo existe un interés
donde no se respeta
al que está primero.

Sinvergüenzura del agua,
que viéndome sediento,
se une con el aceite.
Es como revivir la escena de la cruz
donde al Padre,
que nos dio el amor más grande,
al estar sediento
se le paga con vinagre.

Detesto ese sabor,
es repugnante,
es tener la hipocresía,
la traición y la mentira
al ras de la boca.

Me quema como nunca,
es desboronar con fuego
lo que de calor vivo tenía.
A su alrededor ahora
perfilan destrozos
que por pequeños
se congelan rápido
ante el mínimo frío.

Frío ascendente
todo en mí se congela
ante tal escena.

Un corazón que era
refugio abierto
a quien quisiera,
hoy se vuelve la más fría caverna,
donde el piso ya no es pasto,
fresco y seco,
sino estalacmitas,
agudas y dolorosas.

Mi corazón hoy es
un camino intransitable
de picos incomprensibles
y fríos inaguantables.

Donde se mezclan
todos los vientos
que como sentimiento
no sabe si explotar en
en un enorme huracán
de vientos arrasadores,
pero de centro sollozante,
que no hace el mínimo daño,
pues no es su intención.

Quiero creer en mi alrededor,
pero no veo más en qué creer.
Es como un ciego que,
sin posibilidades de ver
lleva en su mirada una luz,
la luz de Dios,
que sin poderlo ver
por él es creído.

Hoy ya no creo en nadie,
sino en mi infinito y frío vacío
que intento soportar,
queriendo explotar,
pero sin querer dañar.

En mí se halla
la mayor mezcla de sentimientos
que no se cómo expresar,
sólo me queda descargar en una hoja
lo que en mi está queriendo volver hallar,
en quien mi caverna pueda deshilar.

Como me siento tan mal
busco mirar a alguien
y lo que veo es el pasado
que vuelve sin preguntar,
un dolor que sin anuncio vuelve atacar
y un ataque de ira que no tarda en anunciar.

No quiero dañar a nadie,
Sólo quisiera volver a tener
en mis ojos ese horizonte
lleno de luz que me permita continuar.

Hoy el frío me entumece,
ya no quiero pensar más
sólo quiero hallar aquella persona
que como amigo se pueda perfilar,
y que me extienda su mano
para así volver a dibujar un futuro sin calamidad.

De lo que siento…

martes 4 de marzo de 2008

D E S A M P A R O




Apenas ocho contaban entre ambos: cinco añitos ella, tres él. A través de los barrotes herrumbrosos de las pequeñas ventanas, veían pasar el tiempo y una vida menesterosa y sucia. Su único mundo conocido: Soledad, hambre (de alimentos y de afectos), miedos…

A sus escasos años, su existencia los había enfrentado ya a lados oscuros: sevicia y violencia. Con frecuencia habían visto fornicar a la madre, al oscurecer, siempre con un acompañante diferente. Algunas veces el jadeo incomprensible para ellos terminaba en golpiza, gritos ahogados de la madre, sangre chorreando por el rostro pintarrajeado y mugriento… finalmente, un portazo tras la figura masculina que no volverían a ver.


Hijos de varios padres, nunca sabrían a ciencia cierta quien los engendró. Quién había depositado en la maltratada vagina de la madre el indispensable complemento, tal vez cundido de genes maltrechos y portadores de secuelas sifilíticas.

Con todo, eran físicamente normales. Nada en su apariencia (a no ser la suciedad) delataba la precariedad de sus vidas. La cochambre y el vacío de infancia en la mirada triste eran los únicos signos de su miseria.

Y… tal vez el miedo… reflejado en sus rostros surcados de lágrimas secas sobre las mejillas polvorientas.

Al amanecer, diariamente, la madre se marchaba a cumplir con un trabajo miserable, dejándolos encerrados. Solitarios, sentían miedo sin saber por qué… Sin comprenderlo, experimentaban el desamparo irremediable y cotidiano durante catorce, quince o más horas hasta que finalmente la madre regresaba, acompañada por algún malhechor desconocido. Sólo cuando el amante de turno se marchaba cesaba en ellos la sensación de desamparo, de soledad implacable.

Y ese sentir el desamparo, inexplicable pero incrustado en cada uno de sus poros se fue haciendo cada vez más prolongado. Hasta que ni siquiera la presencia maternal pudo ahuyentarlo. Y así fueron creciendo, entre carencias no identificadas porque nunca supieron qué era el tener algo. Salvo pedazos de juguetes encontrados en los vertederos y los harapos con los que cubrían sus cuerpecitos.

Algunos años más tarde, pocos, cuando ya podían abandonar la casa solitaria, solían dar largos paseos por el propio y algunos barrios aledaños. Cada vez un poquito más lejos, cada vez una nueva aventura. Jugando a las escondidas se refugiaron en un contenedor donde se recolectaba la basura del lugar, la cual se desbordaba casi siempre pues, los recolectores oficiales pasaban sólo una vez al mes.


En esa podredumbre se fueron hundiendo los dos niños, creyendo que jugaban…
A alguien, consciente o no, se le ocurrió tirar un cerillo encendido sobre el montón de desperdicios que rápidamente prendió fuego… Algunos gritos salieron a la superficie, casi inaudibles… Nadie sintió ni oyó nada… Allí quedaron calcinados los dos cuerpecitos, presas de su desamparo y su infortunio.

La madre los buscó, acongojada, por unos cuantos días. Luego dejó de hacerlo y la congoja huyó cuando cayó en cuenta de que, sin ellos, la vida había comenzado a ser un poquitín más fácil. Aunque, de alguna manera, ella también comenzó a sentir el desamparo.





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NOTA: Si el empleo de las ilustraciones de este post vulnera algún derecho de autor, se agrade notificárnoslo para proceder a su inmediato retiro. En tal caso, pedimos disculpas a los interesados.
Texto: Derechos reservados: alpara7 (A.P.R.)

ESTE CUENTO CON SUS ILUSTRACIONES FUE TOMADO DEL BLOG

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